Uruguay: los latifundios forestales de las transnacionales

La presencia de empresas transnacionales entre las líderes del sector forestal hace que el creciente debate sobre extranjerización y concentración de la tierra en Uruguay inevitablemente las involucre en este proceso.

A principio de la década de 1990, y a raíz de la Ley Forestal de 1987, el área de plantaciones de árboles empieza a crecer muy fuertemente en Uruguay, con tasas anuales de plantación a veces superiores a las 50.000 hectáreas.

Uruguay-plantaciones

En los primeros años de la década, las transnacionales aún no ocupaban una posición hegemónica en el sector en términos de superficies plantadas, pero se crean dos filiales que asumirán rápidamente un papel preponderante: EUFORES S.A. y Forestal Oriental. La primera es filial del grupo español Ence; la segunda es un consorcio entre dos socios mayoritarios, la holandesa Shell y la finlandesa UPM-Kymmene. Ambas empiezan rápidamente a plantar eucaliptos en el oeste del país. Shell comenzó a deshacerse de sus plantaciones a favor de Ence. Con la llegada al centro del país de la sueco-finlandesa StoraEnso en 1996 y de la estadounidense Weyerhaeuser en el Norte, en 1997, se afianza el tiempo de las transnacionales en Uruguay, las que dominan netamente a partir de entonces la compra de tierras para silvicultura (*).

Este período corresponde a una primera fase de expansión del capital maderero de los países del norte, consistente en una extensión de sus plantaciones para alimentar sus plantas industriales en Europa o América del Norte. Ence, por ejemplo, alimenta con madera uruguaya sus plantas de celulosa y papel en España. En el período siguiente, las mismas empresas van a buscar desarrollar sus plantas de celulosa al lado de sus nuevas plantaciones en América del Sur, como es el caso de las fábricas de celulosa de Ence y UPM en Uruguay.

Con la crisis financiera de 2008, al final del periodo solo siguen en pie los proyectos de plantas de celulosa de UPM y Ence, esta última ahora operada por el consorcio Montes del Plata, formado por Stora Enso y la chilena Arauco, que reúnen más allá de la planta de celulosa, más de 270.000hectáreas de tierra. Se concentra entonces fuertemente el sector, con la progresiva salida de pequeños productores silvícolas.

Principales empresas con actividad silvícola en Uruguay hacia 2011

Empresa Capitales Tierras en propiedad (ha) Plantaciones gestionadas (ha)
Montes del Plata (Stora Enso y Arauco) Suecia, Finlandia, Chile 270.000 156.500
Forestal Oriental (UPM) Finlandia 231.500 151.000
Global Forest Partners Extranjeros 140.595
Weyerhaeuser Estados Unidos 140.000 55.000
Forestal Atlántico Sur Chile, Uruguay 75.000
Grupo Forestal Chile 40.000 16.000
Grupo Forestal Chile 40.000 16.000
Timberland Group Estados Unidos, países europeos 32.500 20.150
Phaunos Timber Fund 31.500
Cofusa 30.000
Caja de profesionales universitarios Uruguayos 18.000
Caja Bancaria Uruguayos 18.000 7.739
Caja Notarial Uruguayos 12.748 9.102
FYMNSA Uruguayos 8.751
Rivermol 8.610
GMO Renewable Resources 25.000

Nota: Las casillas vacías corresponden a datos que no se pudieron conseguir.
Fuente: elaboración del autor

La presencia de empresas transnacionales entre las líderes del sector forestal hace que el creciente debate sobre extranjerización y concentración de la tierra en Uruguay inevitablemente las involucre en este proceso. Existe un claro proceso de reconcentración fundiaria en la región, íntimamente ligado al auge del precio de los commodities agrícolas y de los productos forestales en los primeros años del siglo XXI.

Al respecto, hay que distinguir entre concentración de la tierra y de las plantaciones de árboles. En la región, cuando una empresa compra tierras, hay zonas rocosas, bañados, caminos internos, parches de monte nativo, etcétera, que limitan la plantación. En Uruguay se planta en promedio el 61% de los predios. Por ende, una empresa en Uruguay posee siempre mucho más superficie de tierras que de plantaciones.

A esta necesaria distinción entre tierras y plantaciones se añade una segunda dificultad: algunas empresas recurren a contratos con terceros para aumentar la superficie que cultivan: o arrendándoles tierras donde plantar o dándoles insumos y formación para que planten según los estándares de la empresa, la cual se compromete a cambio a comprarles la cosecha.

Otra dificultad surge cuando se quiere ir más allá de una cuantificación de la concentración a escala de los países, para entender este fenómeno a escalas locales. Las empresas divulgan por lo general las cifras totales de su acervo, siendo excepciones las veces en que ventilan con precisión la ubicación exacta de sus plantaciones y tierras.

Si razonamos por Estado, la tasa de concentración de las plantaciones es aún mayor en silvicultura que la altísima concentración de las tierras agrícolas. En 2009, cinco empresas agrícolas de Uruguay representaban “más del 20% de las tierras sembradas en el país”, con la diferencia de que la mayor parte de estas tierras estaba alquilada a terceros. Por otro lado, cuatro empresas concentraban en 2010 el 31% de las plantaciones de árboles del país, o sea casi 300.000 de las 950.000 hectáreas plantadas.  A diferencia de las empresas agrícolas, estas empresas son propietarias de la mayor parte de estas superficies.

Medir el porcentaje del total de plantaciones de un territorio dado en poder de cada empresa es una forma de entender mejor las jerarquías entre los diferentes actores del sector. Pero no solo eso; permite también diferenciar situaciones donde una sola empresa domina la actividad y sus efectos locales sobre la sociedad (empleos directos e inducidos, dinamización de la actividad comercial, sociabilidad…), de zonas donde varias empresas están presentes de forma simultánea. Permite así diferenciar zonas muy dependientes de un solo actor productivo, de otras con menor grado de dependencia.

Afinando aún más la escala de análisis, podemos ver cómo algunas empresas concentran altos porcentajes de las plantaciones de árboles a nivel local. En el litoral uruguayo, las transnacionales Forestal Oriental y Montes del Plata comparten el espacio y concentran entre un 30 y un 40% de las plantaciones. El resto del territorio exhibe también altos porcentajes de concentración de la tierra pero en menor grado, con valores en torno al 25% para el norte y el suroeste. El sureste del país tiene un bajo grado de concentración debido a la coexistencia de numerosas empresas y cantidad de medianos y pequeños propietarios de plantaciones.

Los valores de concentración por encima del 20% designan los territorios donde son unas muy pocas empresas las que dominan el sector maderero, otorgándoles un alto poder de negociación con las autoridades públicas. Es en estas regiones que el tema de la dependencia social hacia estos actores se hace patente.

(*) Si bien lo utiliza como término equivalente, el autor optó por utilizar el término “silvicultura” y no “forestación” para referirse más claramente a lo que hacen los “forestales”: cultivan árboles, como agricultores que esperarían varios años para cosechar lo que plantaron, labrando la tierra y utilizando agroquímicos. El término forestación, construido por las instituciones que promueven los monocultivos de árboles, como la FAO, trataría de invisibilizar el carácter agrícola de la actividad e incentivando una confusión entre bosques nativos y plantaciones silvícolas, atribuyendo cualidades ambientalmente positivas a las plantaciones como si fueran ecosistemas nativos.

Grupo Guayubira; extractado y adaptado de “Forestación, territorio y ambiente. 25 años de silvicultura transnacional en uruguay, Brasil y Argentina”, Pierre Gautreau, 2014, Editorial Trilce, Uruguay.

About Grupo Guayubira

El grupo "Guayubira", fue creado en mayo de 1997, para nuclear a personas y organizaciones preocupadas por la conservación del monte indígena y por los impactos socioeconómicos y ambientales del actual modelo de desarrollo forestal impulsado desde el gobierno. El grupo aspira a tener incidencia a nivel nacional y local para implementar medidas que ayuden a la conservación del monte indígena y a modificar el actual modelo insustentable de desarrollo forestal basado en los monocultivos de árboles a gran escala.
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